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Si están organizando su viaje para irse a trabajar con la Working Holiday Alemania, ya leyeron la Guía completa, saben cuáles son los requisitos para aplicar, qué documentación presentar, se saben todo de memoria y solo resta tomar la decisión de viajar (nada más y nada menos). Desde Yo Me Animo y vos? empezamos a publicar historias de otros viajeros que ya se animaron y están viviendo su experiencia Working Holiday, justamente para darles ese último empujoncito que les está faltando y que de una vez por todas se animen a viajar!!!

Esta es la historia de Cande, que nos cuenta cómo fue su primer día en la vendimia de Alemania. Si quieren también pueden pasarse por el blog de Cande donde publica todas sus vivencias.

Mi primer día en la vendimia por Cande

La vendimia suena lindo, casi que romántico, además siendo chica de ciudad uno escuchaba siempre hablar de los festejos y celebraciones que se hacen en Mendoza, la tierra prometida del vino argentino, durante la misma fecha y no hacía más que hacerme ilusiones de formar parte de tan ilustre evento.

El martes llegamos poco antes de las 8 con mi cuñada, quien hizo las presentaciones pertinentes a mi futuro nuevo jefe, que por suerte hablaba español. A las 8 salimos, una manada de personas hablaba alegremente, con las manos enguantadas y los pies enbotados, y a medida que me acercaba noté que ninguno hablaba alemán. Así es: la vendimia es cosa de inmigrante mano de obra barata.

Minutos más tarde, turcos, polacos y una argentina fuimos metidos en un carrito techado con lona, tirado por un tractor que nos llevó hasta los cultivos. Cuando llegamos, uno de los capataces (el turco… el otro capataz es obviamente polaco) nos abrió la puertita del carrito y bajamos al grito de “Eimer und Schere alles!” (Baldes y tijeras todos). A medida que íbamos saliendo, cada uno fue agarrando un balde de la pila y una tijera del tacho que viajaban en el carrito con nosotros. Con pañuelos alrededor de la cabeza las turcas y yo, gorras algunos hombres y todos con campera, empezamos en la primera hilera. La orden del Chef (jefe) fue: saquen todo. Nos ubicaron de a pares o de a tres en las hileras… y comenzó la vendimia.

La verdad que pensé que iba a ser más demandante, no sé qué tiene de malo el trabajo de campo no es tan… y me hundí 20 centímetros en abono. Ok, tengo botas, no hay problema. Así que seguí cortando y sacando uvas. Me levanté y mi espalda hizo crack… y ahí quedé. Después le siguieron los hombros, los brazos, la cintura… y todavía no era ni el mediodía!!!

Después de subir a lo largo de la hilera y bajar a lo largo de otra, sacando todas las uvas, mirando bien para tirar las malas y guardar las buenas, nos metieron a todos en el carrito de vuelta y nos llevaron a otro cultivo. Ahora no había que sacar todas, sino las que estaban malas y, principalmente, podar! Mi buen Chef me explicó, medio en alemán medio en español, que hay que dejar hojas en lo alto, lo que garantiza el dulzor de la uva, pero hay que sacar las hojas de más abajo, las que rodean los racimos, porque si están muy tapadas conservan mucha humedad tras las lluvias, lo que favorece la aparición de feos y sucios honguitos. Fascinating, isn’t it? (suena a sarcasmo, pero a mí me fascinó posta).

Hilera de ida, hilera de vuelta, y nos metieron en el carrito para ir a almorzar.

Mientras andamos en el carrito, les cuento un poco más de estas hileras para los que no entienden mucho, o tienen poca imaginación: Los cultivos se acomodan en hileras. Entre postes de madera y/o metal unidos entre sí por alambres muy tensos y largos se enredan las parras, que deben tener entre 1,70 y 2 metros de alto. Entre hilera e hilera hay un pasillo lo suficientemente grande para que pase un tractorcito. En cada pasillo, trabajamos entre 2 a 4 personas, dependiendo cuántas hileras haya que podar en total, la cantidad de trabajo, la cantidad de personas, etc. Por un pasillo siempre anda el tractor con un balde gigante al que vamos tirando las uvas recolectadas: por debajo de las parras hay un espacio entre el alambre más bajo y el piso de medio metro más o menos, por donde nos vamos pasando los baldes cargados hasta el tractor y vacíos de vuelta. Trabajar en el pasillo del tractor es re goma por lo mismo (tenés que acarrear los baldes que te van pasando, vaciarlos, devolverlos… muchas veces!), por eso suelen estar ahí el capataz turco, su hijo y alguna otra víctima. Yo siempre que veo que el tractor viene por el pasillo donde estoy, me tiro cuerpo a tierra y escapo por abajo de las parras.

Ahora que nos imaginamos la viña, llegamos a la casa! En un galpón con calefacción (obvio, no somos esclavos!) nos cambiamos de calzado y nos vamos a comer a un pequeño comedor de la casa principal, también calefaccionada, lo que la cuñada de mi cuñada nos preparó con mucho cariño: Goulash, para los que no lo conocen, es una especie de guiso con salsa de tomate, condimentos, papitas, verduritas y carne.

Después de un café con masitas, de vuelta al carrito y a seguir la poda. Mientras miraba con odio las uvas que tanto trabajo me costaron, ver su jugo girando y girando, preparándose para ser vino, mi Chef se me acercó. Estaba a punto de decirle que fue linda la experiencia, pero que no iba a volver al día siguiente.

– Aquí está tu paga del día, dijo, y depositó dos billetes en mi mano.
– A qué hora vengo mañana, jefecito?

Ay, por favor, como si ustedes no hubiesen hecho lo mismo!

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